sábado, 2 de julio de 2011

La estampita

Buscando una pelota en el patio del vecino, al que, por cierto, ingresamos sin permiso, nos encontramos con una estampita. Tenía una intrincada ilustración en el frente, que representaba, según me dijeron, a San La Muerte. Líquido la guardó en uno de sus bolsillos. Encontramos la pelota, volvimos a saltar la escasa muralla, y seguimos jugando en la calle, en una de esas calles de mi infancia, pobladas de sol y de juegos sin fin.

Me olvidé de la estampita hasta que Líquido me la recordó, en la escuela.

-Ahora soy poderoso -me informó sin más.

Le lancé una mirada de indiferente curiosidad. Ya estaba acostumbrado a sus excentricidades.

-En serio. Lo soy -reafirmó, como si no le hubiera escuchado la primera vez. Enarqué las cejas, y decidí ignorarlo con elegancia. La maestra estaba escribiendo con entusiasmo en el pizarrón, y no parecía escucharnos. Ni a nosotros, ni al zafarrancho que armaban algunos compañeros, más al fondo.

(continuará)

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